miércoles, 18 de mayo de 2011

Una historia a golpe de buenos sentimientos



David Foenkinos llega a España con la premiada novela de amor 'La delicadeza'



La joven Nathalie acaba de perder a su marido en un atropello. Destrozada, poco a poco intenta reconstruir su vida sin mucho éxito. Hasta que Markus, un compañero de trabajo, entra en escena. Y entonces sucede la magia: la capacidad para volver a amar y ser feliz existe. Y no pertenece sólo a Hollywood.
Con este sencillo argumento, la novela La delicadeza (Seix Barral), de David Foenkinos (París, 1974), se convirtió desde su publicación en Francia, en 2009, en la joya de la crítica gala y en el último gran best seller. Su éxito se unió, además, al de otras novelas francesas que también exploraban los buenos sentimientos, el amor y la recuperación emocional, como El consuelo, de Anna Gavalda, o La elegancia del erizo, "¿Necesitamos las novelas felices? No lo sé. Quizá estamos en un tiempo tan siniestro, con la crisis y políticos que abusan de camareras, que la gente se siente bien con estas novelas", explica Foenkinos en un hotel madrileño. "Pero lo que sí que creo es que hay una necesidad de lentitud, de frenar las cosas y de no ir por la vida con la sensación de estar continuamente haciendo las maletas", añade.
En su novela, el tempo lento del enamoramiento se adereza con elementos nostálgicos que también provocan la sonrisa en el lector. David Foenkinos introduce una estética muy setentera alude a la infancia de la protagonista en la que reinan los caramelos Pez y las canciones de las películas de François Truffaut. "Yo soy muy nostálgico, pero no en el sentido melancólico, sino en ese que te produce alegría. También hay una necesidad en la gente por volver a los recuerdos más dulces con el fin de borrar la relación agria que tienen ahora con las cosas", comenta el escritor.
Foenkinos aleja su novela del tono azucarado de las novelas del italiano Federico Moccia al introducir a los personajes "en el entorno más deprimente posible, que no es otro que el laboral", dice el autor. Como ha subrayado el escritor Frederic Beigbeder, "esta novela también habla sobre el trabajo", sobre un escenario en el que se crean bandos y se trazan estrategias, a veces malsanas. "Una empresa es como un país en estado de sitio, pero aun así, puedes enamorarte. El decorado no es importante para el amor", matiza Foenkinos.
Adaptación al cine
El único peligro que acerca esta novela al abismo de lo relamido es su final. Para el escritor, no supone ningún problema: "También hay momentos cursis en la vida. De todas formas, he intentado compensarlos con una estructura en la que aparece hasta una receta de espárragos. Me gusta tener una relación lúdica con la literatura. Y si no te gusta la historia, puedes quedarte con la receta", explica socarrón.
El éxito de la novela ha provocado que Foenkinos la haya adaptado él mismo al cine. La película se estrenará en diciembre con Audrey Tautou como protagonista. Y sí, será muy parisina y muy Truffaut. "El paseo bajo la Torre Eiffel es ineludible", zanja el escritor

Fuente: Elpublico.es

martes, 17 de mayo de 2011

Lois Pereiro, el poeta punk





El Día das Letras Galegas homenajea a un autor de culto con aura de maldito.





El Día de las Letras Gallegas ha sido, hasta hoy, el plumero que ha sacudido la polvorienta biblioteca de ilustres literatos autóctonos, exhumando cada 17 de mayo a padres de la patria como Rosalía o Cunqueiro, pero también a una heterodoxa nómina trufada de frailes, arzobispos o reyes medievales ajena al pulso de la calle o a la mesita de noche del lector contemporáneo.
El tamiz de la muerte evitaba que autores con tirón mediático y editorial protagonizasen la jornada, pues los homenajeados debían permanecer, al menos, diez años bajo tierra. Lois Pereiro (Monforte, 1958) llevaba un lustro aguardando en el cementerio de Santa Cristina do Viso su turno, aunque sus apologetas eran conscientes de que el poeta lucense escondía en su gabardina apenas un ciento de poemas y revelaba en su rostro las depresiones del malditismo, la contracultura y el post punk.
Demasiados fardos, a priori, para la Real Academia Galega, que terminó haciéndose eco de las reivindicaciones de los vates coruñeses que lo acogieron, mediados los ochenta, en el grupo De amor e desamor; de los precursores del movimiento atlantista, una movida pasada por agua que destiló publicaciones como La Naval o Luzes de Galiza, en las que Pereiro plasmó su expresionismo galaico; y de las nuevas generaciones de blogueros, escritores y periodistas, enrolados en Internet, que se han valido de bitácoras y redes sociales para soplar a favor de la candidatura del firmante de Poemas 1981/1991 y Poesía última de amor e enfermidade, reeditados por Edicións Positivas.
Fueron los únicos libros que el poeta pudo ver en vida, pues la guadaña con la que flirteó en sus versos lo arrebató a sus 38 años. Dejaba una novela inacabada en el cajón, Náufragos do paradiso, rescatada por Galaxia; un sentido diario epistolar a su amor siamés, Piedad Cabo, que tomaría la forma de una Conversa ultramarina (Positivas); y un sembrado de estrofas en revistas y fanzines como Dorna y Loia, que dio título a Poemas para unha Loia, publicado en el primer aniversario de su pasamiento y traducido ahora al inglés (Collected Poems, Small Station Press) y al castellano (Obra completa, Libros del Silencio).
Rescate del poeta
"Había problemas para acceder a su obra y, en pocos meses, se han publicado unos 25 libros", explica el escritor Manuel Rivas, que lanzó la candidatura desde su sillón de la Academia sin imaginar que pudiera salir adelante. "Las traducciones van a ser para el mundo de la literatura como una lanza de luz entre dos tormentas", asegura el exdirector de Luzes, donde su amigo Pereiro publicó días antes de morir Modesta proposición..., recuperada junto a otros ensayos por Xerais. "Ahora que está de actualidad el panfleto, el texto es un auténtico Indignaos en forma de arcoiris que no sólo abarca la denuncia", apunta.
Romántico, maldito, exiliado de sí mismo, como Leopoldo María Panero, pero también un libertario que reflejó en su obra "una lectura política del mundo", recuerda Iago Martínez, coautor del documental Contra a morte, un "retrato colectivo y urgente de su generación" que se estrena este martes en la TVG. "Protagonizado por sus amigos y con el poeta como coartada, en él emerge la colza, la heroína y el tardofranquismo", explica Martínez, quien subraya en la biografía Lois Pereiro. Vida y obra (Xerais) la impronta de la música en sus textos. "No es un poeta del rock, pero forma parte de su paisaje emocional e histórico. En su cosmovisión, Thomas Mann está a la misma altura que Ian Curtis".


Moderno en Monforte
Pereiro, nacido en un cruce de caminos de hierro, se dejó atrapar por los nuevos tiempos, que arribaban a su pueblo en ferrocarril. "La heroína entró en Monforte como un vendaval. Tal vez, a través del tren llegó el movimiento obrero, el caballo y el sida", opina su biógrafo. Allí, en el bar Sésamo, donde se cobijaba una "célula de contemporaneidad", sus colegas traficaban con casetes y filmes extranjeros. The Velvet Underground, David Bowie, Neil Young, Joy Division: todo muy oscuro, malditos de diversa clase y condición frente a cantautores protesta, que le parecían un coñazo. Antes de pisar Madrid y machacar sus retinas en la Filmoteca Nacional, Lois se sabía de memoria cada fotograma de Metrópolis sin haberla visto. También poseyó a los simbolistas franceses (Baudalaire, Rimbaud, Verlaine) y a los literatos centroeuropeos (Thomas Bernhard, Peter Handke). "Su gusto era muy avanzado".
El trágico destino convertiría su silueta rasgada en una figura de Giacometti. Pereiro recala en Madrid para estudiar inglés, francés y alemán en la Escuela Oficial de Idiomas y se instala con su pareja y amigos en un cuarto piso sin ascensor de la Avenida de Extremadura, donde el repartidor del butano les vende aceite a granel. Era 1981 y a Lois, con 23 años, las escaleras se le antojan una ascensión al infierno, ya que sus músculos flojeaban por culpa de aquel líquido que envenenaría a miles de personas en España: el aceite de colza desnaturalizado. Luego vendría la heroína, que lo iba a acompañar hasta 1994, cuando, ya en A Coruña, es ingresado en el hospital y le diagnostican el sida. "El cuerpo es una poesía de batalla: / una carnicería en el cerebro", escribe.
Regreso a la tierra
Pereiro intentó darle salida a sus composiciones y, a falta de una editorial que lo respaldase, dejó su huella ácrata, rebelde y transgresora en un fanzine imprimido con una vietnamita por el exilio cultural en Madrid. Alrededor de Loia gravitaban, además de Rivas, los pintores Menchu Lamas y Antón Patiño, así como su propio hermano, Xosé Manuel, que haría de sus letras canciones para el grupo de rock Radio Océano.
Algunos de ellos, junto a Miguel Anxo Fernán Vello, Xulio Valcárcel o Lino Braxe, repetirían en el colectivo coruñés De Amor y desamor, que con sus recitales sacó a Pereiro de su voluntario ostracismo público. En una instantánea de Xurxo Lobato, que ejercería con Vari Caramés de fotógrafo oficioso, "parece que es un recorte", comenta Martínez. La estética de Pereiro, con gafas ahumadas y cazadora de cuero jalonada de cremalleras, contrasta con las chaquetas de sus acompañantes, entre ellos el exministro de Cultura César Antonio Molina, que traduciría algunos de sus versos para la antología Después de la modernidad (Anthropos).
Pereiro ha importado para entonces los postulados del underground europeo. En sus viajes en tren por el viejo continente, sigue el rastro de sus autores de cabecera —Gertrude Stein en París, Yeats y Joyce en Irlanda, Dylan Thomas en Gales, Bernhard en Salzburgo— y, tras ver las primeras crestas en Edimburgo, se sumerge en el movimiento punk berlinés. "Era como una semilla que contenía un universo absolutamente singular, que finalmente se está expandiendo", subraya Rivas.


El clásico vanguardista
Galicia asiste a la multiplicación de sus rimas y sus textos: recitales, conciertos, discos, performances, exposiciones, cómics, documentales y libros rinden tributo a un escritor impudoroso y desgarrado que habló del amor y la muerte con conocimiento de causa. Los stencils con su faz en blanco y negro han colonizado los muros del país e incluso una cadena de supermercados la ha impreso, acompañada del poema Transmigración, en sus bolsas. Muy de poeta urbano o, como lo describió Xavier Seoane, asfáltico.
"Está siendo un descubrimiento para todo el mundo, especialmente para las nuevas generaciones, que lo asumen como la voz de la literatura que necesitábamos en este momento", añade el creador de Todo es silencio, testigo de la revitalización del Día de las Letras Gallegas gracias a la elección de Pereiro como singular e inesperado protagonista. "Lo que está pasando con un autor considerado maldito hasta hace unos meses es algo inaudito. Se habla de él poniéndolo a la altura y con el carácter de convulsión de Rosalía de Castro o Manuel Antonio". Ya lo había escrito años ha: "Pereiro es el clásico que tiene la literatura gallega sin saberlo".




Fuente: Elpublico.es

lunes, 16 de mayo de 2011

Un artista aislado del arte

El Museo Reina Sofía dedica una muestra de 300 objetosa un creador norteamericano sordomudo y analfabeto


James Castle no hablaba ni oía. No sabía escribir y no tuvo una formación artística académica. Pero fruto de una frenética actividad artística acumuló cerca de 200.000 objetos. Los agrupaba en tamaños similares, los envolvía en tela y papel y ataba con cuidado. Les hacía cajas a medida y los guardaba lejos de la vista de los curiosos, en vigas o en edificios abandonados. James Castle murió en 1977, a los 78 años de edad, llevaba casi siete décadas sin dejar de envolver, embalar, atar, anudar, enfundar, cubrir, liar, enrollar. Jamás salió del entorno familiar y pintaba sobre material reciclado con una mezcla de su saliva y hollín de estufa.

James Castle se construyó una isla para no recibir a nadie, pero no paró de lanzar botellas bien protegidas contra la rotura. ¿Mensajes de socorro, reclamos o qué? Dicen que la creación también es un diálogo, una intención de comunicación, un lenguaje. En este caso, una salvación. Hacía libros, cuadernillos, folletos, álbumes, dibujos encuadernados como libros, cubiertas de libros hechas con cajas de cerillas. Para un analfabeto y sordomudo como Castle el mundo del libro no tenía secretos. Hacía abrigos, chaquetones y gabanes de cartón rígido, cosidos con bramante y cuerda. Dibujaba vistas interiores de su casa, dibujaba paisajes sobre envases, folletos comerciales, panfletos religiosos, facturas, sobres usados, cartones de helados, cajas de cerillas y los trabajos escolares de sus hermanos.

"Son dibujos bonitos. El hollín les aporta un tono mate, suave. Una rica gama de grises. El trazo es firme pero tiene un aire relajado. Son fieles pero no esclavos ni mecánicos. Están hechos a mano alzada con un sentido equilibrado de la composición. Son sensibles. Y pese a sus superficies abarrotadas, de gran densidad temática, son serenos. Son tranquilos", cuenta la fotógrafa Zoe Leonard con motivo de la exposición que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía inaugurará el próximo miércoles: James Castle. Mostrar y almacenar, comsariada por Lynne Cooke, subdirectora de conservación, investigación y difusión del museo.

La selección de 300 obras del artista norteamericano plantea de nuevo un dilema que ya había presentado el director del museo, Manuel Borja-Villel, hace un año, con la exposición dedicada al pintor esquizofrénico Martín Ramírez: ¿dónde está la separación de las bellas artes y el arte popular? ¿Qué vigencia tienen los discursos canónicos? "La necesidad de esta exposición reside en la puesta a debate de los preceptos excesivamente cientifistas (casi de entomólogo), planteadas desde una posición de superioridad. Se ha asumido, de manera automática, que el artista autodidacta carece de compromiso con su producción, de proyecto específico, en definitiva, de consciencia", explica en la presentación del catálogo de la muestra el propio Manuel Borja-Villel.

Déficit manual

Por su parte, Lynne Cooke observa los diversos grados de refinamiento técnico en los gouaches, como en otros apartados de sus trabajos. "Parecen determinados por los peculiares efectos expresivos que buscaba, más que por un déficit de destreza manual", dice la comisaria. Añade la especialista el asombro por la precisión con la que trabajó Castle, que apenas realizaba revisiones o reelaboraciones de sus obras. "La mayoría de los dibujos y construcciones parece haberse realizado en una sola sesión", explica Cooke subrayando la unidad e identidad de los trabajos.

A pesar de la intensa actividad que mantuvo, Castle no tenía por costumbre enseñar su obra, aunque mostró un énfasis determinante en enseñar-la a sus familiares y conocidos. No concedió entrevistas (nadie lo reclamó como artista nunca en vida), no escribió sobre su método de producción (ya hemos señalado su analfabetismo), así que poco se sabe de sus técnicas. Es un artista reciente, tres décadas después de su muerte.

Apenas hace tres años, el Philadelphia Museum of Art le dedicó una gran retrospectiva, de la que es heredera esta del Reina Sofía, que viajó posteriormente a Chicago y Berkeley, en la que se analizaba su contexto familiar y su biografía como instrumento interpretativo. Fue su bautismo como artista de artistas, aunque fue en el año 2000 cuando su obra entró por primera vez en el circuito comercial del arte contemporáneo, con muestras organizadas en Nueva York y divididas en tres categorías: dibujo, construcciones y libros.


Antes, en vida, el artista, aunque mantuvo en secreto sus trabajos, no pudo reprimir el impulso de enseñar, a menudo, los dibujos a sus familiares. En la soledad comisarió sus propias exposiciones e ideó complejas presentaciones de su obra. Además, dibujaba las instalaciones de su obra en otras exposiciones improvisadas. Esas imágenes son los dibujos más refinados de Castle. Imaginaba igualmente sus cuadros en las paredes de la residencia familiar, junto a retratos, adornando el piano, por ejemplo.

Precisamente, esta labor de muestra y almacenaje a la que se dedicó Castle aporta la estructura de esta retrospectiva del Museo Reina Sofía, con vitrinas poco profundas, que recuerdan a los archivadores planos. Hay grandes grupos de obras (organizados por temas y medios), inventariadas como un sistema de archivos. Frente a este tipo de almacenamiento están los dibujos, mostrados con marco y paspartú, así como las construccio-nes, montadas en vitrinas. La instalación enfatiza la visión doméstica de Castle, el habitante de un mundo tan íntimo que prefirió la estrechez de la destrucción a la compasión de la Humanidad.

El mundo de un solitario

Alfabeto

James Castle dibujaba las letras de los alfabetos latino, cirílico o griego. No escribía: dibujaba palabras. En realidad no sabía escribir, sólo copiaba símbolos, pero los utilizaba como lenguaje. Castle tomaba los modelos de textos impresos, no de manuscritos, por eso aparecen representados en mayúsculas de imprenta. Tipografías con precisión, algo muy cercano a la abstracción.

Bibliófilo

Castle hacía libros. Muchos, centenares. A escala ínfima y los encuadernaba con materiales que tenía a mano, como cartón reciclado, cartones o cajetillas, incluso, cajas de cerillas. No son cuadernos de bocetos. Si reutilizaba libros existentes, dibujaba en todas sus páginas ocultando gran parte del contenido original de las mismas, pero también conservando elementos gráficos de la maqueta anterior.

Doméstico

Los dibujos de Castle son los dibujos de un habitante, no de un turista. Son el retrato de un mundo mirado con detenimiento, la intimidad de la costumbre. La visión cotidiana de sus propios lugares.

Enigmático

Nadie que haya escrito sobre James Castle se habrá topado con él. Durante su vida, no se dedicó a ninguna actividad ocupacional distinta del arte, que mantuvo en secreto. Su sentido para los materiales no proviene de una historia del arte tradicional ni de aprendizajes artesanos; es consecuencia del conocimiento autodidacta que fue refinando con el tiempo y un agudo pragmatismo que le llevó a reciclar materiales una y otra vez. Intuitivamente, creaba las herramientas y los medios necesarios para ello. Apenas realizaba revisiones o reelaboraciones de sus trabajos. Ni siquiera se sabe cuándo ni cómo incorporó la perspectiva a su obra.


Fuente: Elpublico.es

jueves, 28 de abril de 2011

Matute le escribe un cuento al Cervantes



"El que no inventa, no vive", dijo en un discurso sin retórica
La mujer que no teme a la palabra felicidad llegó a Alcalá de Henares y desmontó todos los protocolos. Acabó con las imposturas y eliminó la retórica de los discursos con uno que hurgó en sus más tiernos recuerdos, hilado con su tenue voz de bruja buena. Sentada en su silla, que le lleva a todas partes, conducida por su hijo Juan Pablo, ofreció su infancia y su obra, sus dolores y sus alegrías, con el pudor justamente templado por la experiencia de quien dejó de tartamudear con los bombardeos de la Guerra Civil. Así dice que prefiere recordarlo.
El de ayer fue una pieza más de su trayectoria literaria, con un final mágico en el que llamó a la creencia de las fantasías de los escritores, "inventores". "Tras estas deshilvanadas palabras, ojalá haya logrado transmitirles algo de mi alegría, mi gratitud por la distinción que aquí me trae. Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado", y se despidió entre ovación de aplausos tras una de las despedidas más dulces que se hayan recordado de los últimos 25 años.
Ya había creado un discurso inolvidable en aquella deliciosa pieza titulada En el bosque, con el que entró a ocupar el asiento K de la Real Academia de la Lengua, en 1996. De aquel elogio de la fantasía a este canto a la imaginación ha pasado un Premio Cervantes por medio.
Semanas atrás amenazaba que escribiría algo cortito, porque la tarea obligada era algo parecido a una broma pesada. De Cervantes y Quijote decía que ya estaba todo dicho y no cumpliría con la tradición. Y lo hizo: apenas mencionó los gigantes, los molinos y a Dulcinea. "Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad el don más raro de este mundo- en una criatura carente de todos esos atributos", dijo sobre la magna obra.

No hubo referencias a Cervantes en su cuento, como a ningún otro escritor, salvo llamadas de atención anecdóticas sobre Carmen Laforet, Miguel Delibes, Josep Pla, Jaime Salinas o las palabras sobre los Hermanos Grimm, Lewis Carroll, Perrault, Andersen y Antonio Almodóvar en España, para señalar que la crueldad de sus cuentos de hadas no fueron escritos para niños: "Me estremece pensar y saber que se mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política más o menos oportunos, y que unas manos depredadoras, imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota, convierten verdaderas joyas literarias en relatos no sólo mortalmente aburridos, sino, además, necios".
Con esta elegancia, la dama de los pensamientos de plata recordaba al público (con más jóvenes de lo que es habitual en esta ceremonia) las amarguras a las que la censura franquista la sometió. La mayor sangría de todas la padeció con la obra semifinalista del Premio Nadal de 1949, Luciérnagas, que ayer recordó. La Dirección General de Propaganda la tumbó y en 1955 publicó una revisión, muy podada, titulada En esta tierra. Ella siempre ha renunciado a esta novela, y no está incluida ni en la edición de sus obras completas de 1971.
De Los niños tontos, la censura dijo, en 1956, que sus cuentos eran "verdaderas pesadillas", "de muy mal gusto", "tristes e incomprensibles para niños", "deprimentes y crueles", "inconvenientes por el mal ejemplo fácil de imitar"... con una conclusión tajante: "Por todo lo expuesto este libro es impropio de niños. Si se edita no podrá evitarse el que caiga en manos de ellos produciéndoles un daño tremendo. A los niños hay que tratarlos con más respeto. Rechazada su publicación totalmente", en mayúsculas.





El Archivo General de Administración, donde se guardan sus expedientes de censores, inauguró aprovechando el día una exposición con esos malditos papeles. Ayer, la Historia volvió a sentenciar los años más negros de este país con el galardón a la escritora que sintió apetito por lo inevitable, aceptó el dolor y se preguntó el porqué de la herida del ser humano.
Esa mujer pequeña, sabia y contenida, se atrevió a lo largo de su carrera, que arrancó antes de la mayoría de edad, con las palabras que no la protegían: "Aunque no haya escrito nunca una novela autobiográfica, estoy en sus páginas. Todo eran inventos, hasta que supe que en la literatura en grande como en la vida, se entra con dolor y lágrimas".
Recogió las palabras de san Juan, "el que no ama está muerto", y las aprovechó para montar el corazón de sus palabras: "El que no inventa, no vive", expresión que pasará como el titular de su vida y para todos sus lectores y seguidores. Están hechas la una para la otra, Matute y la literatura: "Es el faro salvador de muchas de mis tormentas", aseguró.
Entonces recordó los días atroces. "Yo había cumplido los 11 años cuando estalló la Guerra Civil española. Unos niños acostumbrados a no salir de casa si no era acompañados por sus padres o la niñera nos vimos haciendo interminables colas para conseguir pan o patatas". De ahí que ella misma definiera a su generación como la de los "niños asombrados". En ese momento su testimonio se volvió agridulce, como todo cuento. Mentó a la muerte, en toda su devastadora magnitud "a través de la visión, en undescampado, de un hombre asesinado".

Matute había puesto presión al acto. Decía que le tenía miedo, que ella leyendo... Y todo fue por los caminos que había previsto y que se había reservado, como excepcional cuentista, buscando el golpe de efecto. El Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares se puso a sus pies: "Ha sido un canto de amor a la literatura, un discurso desacomplejado. Ha sido muy ella: sigue utilizando la literatura para defenderse de los mayores. Como hemos visto, tiene la capacidad del encantamiento", reconocía el poeta Luis Muñoz al hablar de las palabras de la autora de Los Abel. Por su parte, Darío Villanueva, reconocía un discurso de "alta literatura, auténtico y descriptivo, tal y como es ella".
Hubo felicidad, bondad y magia entre imposturas y chaqués. Fue un cuento sincero que homenajeó a la infancia: "Sólo tenía un amigo, mi muñeco Gorogó, que, naturalmente, más tarde incorporé a una de las novelas con las que me siento más identificada, Primera memoria". Aquel muñeco de trapo que le trajo su padre a los 5 años, sigue con ella. "Lo llevo a todos mis viajes, y le sigo contando lo que no puedo contar a nadie. Hoy también me espera en el hotel", dice.



















Hace muchos inviernos que Ana María Matute dejó de temblar. Valiente, como la calificó en su discurso la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, para reconocer los sinsabores y las alegrías de su vida, para asegurar que llegó a la editorial Destino con una libreta de posguerra, de tapas de hule negro, con una novela escrita a mano a los 17 años. Por entonces firmaba Ana María con unas emes larguísimas, casi eles que apuntaban al infinito. Hoy, las emes de Matute han tocado el cielo de los inventores.

Fuente: Elpublico.es













martes, 26 de abril de 2011

MUERE EL POETA DEL CARBÓN

El Museo Nacional de Bellas Artes ubicado en pleno centro de la capital chilena, abrió sus puertas durante la tarde de ayer para recibir a quienes querían dar su último adiós a Gonzalo Rojas, que falleció a los 93 años. La muerte del poeta irrumpió en la madrugada de ayer en Chile e hizo que los boletines radiales se abocaran a hablar de su trayectoria y obra. La poesía tuvo ayer un espacio en los telediarios locales, que informaron de la partida de Rojas dando fragmentos de sus poesías, especialmente de ¿Qué se ama cuando se ama?, una de las más conocidas.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, interrumpió sus actividades y manifestó un "profundo agradecimiento por el aporte que hizo el gran poeta Gonzalo Rojas a nuestro país". Lo mismo hicieron los ministros de Educación, Joaquín Lavín, y el de Cultura, Luciano Cruz Coke.
Los restos de Rojas serán trasladados esta mañana a la ciudad de Chillán
A finales de febrero, el autor de La miseria del hombre, La reniñez y Poesía esencial había sufrido un infarto cerebral y desde entonces permanecía ingresado en un hospital. Por aquellos días, su hijo Gonzalo anunció a los medios: "Gonzalo Rojas se apaga lenta ydignamente".
El Gobierno chileno decretó dos días de duelo oficial. Durante la mañana de hoy los restos de Rojas serán trasladados a la ciudad de Chillán, a 660 kilómetros al sur de Santiago, localidad en la que el poeta vivió desde 1994, y donde quería ser enterrado.
Chile ha lamentado la muerte del poeta. "Rojas fue un virtuoso en la construcción de los versos y en la creación de palabras. Pero las inventaba de la nada, sino las recreaba a partir de la materialidad del lenguaje... como cuando utilizaba la palabra callamiento. Era un maestro prestidigitador. Tenía una técnica comparable a los viejos poetas del Siglo de Oro", asegura a Público el Premio Nacional de Literatura chileno y poeta Raúl Zurita.
Cientos de chilenos se despidieron con flores en el Museo de Bellas Artes
Zurita, con sus ojos aguados, destaca el ritmo de la poesía de su amigo Rojas, "de mucha carga pasional y de testimonio político".
No sólo el mundo de las letras se ha visto afectado. El chileno de a pie también se dejó ver conmovido por la desaparición de Rojas y ya han sido cientos los que han acudido con flores al Museo Nacional de Bellas Artes. En Chile se reconoce a los poetas porque se considera a sí mismo como "país de poetas", debido a que cuenta con dos premios Nobel de Literatura, Gabriela Mistral y Pablo Neruda y varios otros de reconocimiento internacional. Hasta ahora Rojas ha sido considerado uno de los de mayor relevancia de este tiempo, junto con Nicanor Parra, de 96 años.






¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.


Fuente: elpublico.es

martes, 19 de abril de 2011

La Unesco proyecta un futuro para el libro sin Gutenberg

La Unesco presentó ayer en París la iniciativa Focus 2011 dedicada a El Libro mañana: el futuro de lo escrito. Con Milagros del Corral como presidenta del Comité Científico, esta edición de Focus tratará de encontrar la forma de conciliar intereses públicos y privados para definir un nuevo modelo de económico y cultural del libro en la era de la revolución digital.

Del Corral, exdirectora de la Biblioteca Nacional, fue taxativa ayer en la presentación de la reflexión que reunirá, del 6 al 8 de junio a un extenso panel de expertos. "En realidad no estamos en una era de cambios para el libro. Al contrario. Estamos en un cambio de era, en la entrada en un nuevo paradigma, en algo tan revolucionario como lo fue en su día la invención de la imprenta", y comparó lo que ocurre actualmente en el terreno de los derechos de autor, de las nuevas licencias del tipo creative commons y de la revolución digital que trae el libro electrónico, para hacer un paralelismo arriesgado: cuando apareció la imprenta en Europa, en el siglo XV, "los scriptoria (los monasterios de monjes copistas) eran muy prósperos" y no vieron con buenos ojos "una nueva industria emerger". La primera reacción de los que vivían de la copistería fue decir "no funcionará, no hay bellos manuscritos, bellas ilustraciones", explicó. "Pues bien: hace 500 años más o menos que funciona".

Para la presidenta del comité científico de Focus 2011, las transformaciones en el mundo del libro, aunque no necesariamente representan el fin de la imprenta y del libro en papel, sí suponen "una revolución y al mismo tiempo un regreso a la edad media", ya que la noción de autor va a parecerse más a la de aquella era y no a la que fue inventada en el Renacimiento. Aseguró que va a aparecer "una nueva categoría de autor", capaz de crear obras adaptadas al libro electrónico.

Fractura generacional

Por otra parte subrayó "no va a ser posible a partir de ahora transponer la cadena de plusvalía", es decir la estructura económica y distribución de beneficios, "del libro clásico al libro electrónico, y los editores lo saben". Del Corral dijo ser consciente de que uno de los grandes cambios es la introducción de una fractura generacional: jóvenes orientados hacia los soportes electrónicos, y lectores maduros, más hacia el papel. Una fractura que se superpone y domina incluso la fractura norte-sur.

El miembro más vanguardista del Comité Científico fue Adama Samassekou, exministro maliense y teórico de las nuevas tecnologías. "Hay que hacer emerger un nuevo autor colectivo audio-scripto-visual. Por primera vez en la humanidad, todos los pueblos están en igualdad respecto a los grandes medios de difusión, siempre que se acepte la igualdad de las lenguas y la importancia de la tradición oral", dijo.

martes, 12 de abril de 2011

"El proceso de escritura debe incomodar y perturbar al autor"

Edmundo Paz Soldán. Escritor. El autor boliviano publica ‘Norte', una novela descarnada y violenta sobre la frontera entre México y EEUU con ecos de Cormac McCarthy y de la xenofobia de nuevo cuño contra los inmigrantes latinos Un asesino sin compasión que se mueve en la frontera entre México y EEUU teje Norte (Mondadori), la nueva novela del boliviano Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967). Afincado desde 1988 en EEUU, el escritor ha creado tres personajes poderosos, el serial killer Jesús, un pintor mexicano con problemas mentales y una estudiante boliviana, para componer un fresco de la inmigración en un EEUU acomodado en el discurso xenófobo. Es una novela llena de violencia y sentimientos de desarraigo. ¿Son sensaciones extraídas de su propia experiencia? Ya escribí una novela sobre la identidad dividida de la inmigración, pero en un tono más amable y melancólico. Años después le dije a un amigo: "Si volviera a escribir esa novela, quizás la haría de una forma más desesperada". En Norte he vuelto al tema, pero de una forma más visceral. ¿Explica eso el lenguaje crudo de la historia? Lo del lenguaje violento no apareció en la primera versión sino después. Mi pareja, Viviana, que leyó una de las primeras versiones, me dijo que no describía la violencia, que mi asesino era culposo, melancólico y que si me ponía a escribir sobre un psicópata tenía que transmitirle al lector ese horror de encontrarse cara a cara con un asesino sin compasión ni empatía. Esa opinión fue fundamental. En las siguientes versiones me di cuenta de que yo era nuevo en ese territorio. ¿Le desasosegó escribir algo así? Sí. Me sentí incómodo. Pero hace tiempo que he aprendido que las cosas que te incomoda escribir tienen algo interesante. La escritura no debe ser una experiencia cómoda y tranquila. Te tiene que provocar, incomodar, perturbar. Usted dijo una vez: "Cuando algo te duele tienes que narrarlo". ¿Qué le dolía para escribir esta novela? Cuando el personaje del pintor, Martin, piensa en su lugar de origen tiene una gran confusión espacial y temporal. Yo también me identificaba con alguien que lleva 20 años en EEUU y, a ratos, siente que ha perdido su comunidad original de afectos y está en territorio hostil. Me dolía ver la vulnerabilidad de Martin y quería transmitir esa indefensión. ¿Qué pretendía al retratar tanta violencia? ¿Tuvo presente las novelas de McCarthy? Sí. Es lo que yo llamo la psicopatología de la violencia cotidiana en EEUU. Y sí, Cormac McCarthy estaba ahí. La novela dialoga con el Bolaño de 2666, pero para mí el McCarthy de No es país para viejos es fundamental. De hecho, el personaje del policía está modelado a partir del sheriff encarnado por Tommy Lee Jones en la película, que tiene la sensación de que ahora la violencia se le va de las manos. Y tiene razón porque ahora las armas son más potentes que antes. ¿Hay algún tipo de implicación política en esta novela? ¿Un intento por entender por qué EEUU es tan violento? Sabía que la novela jugaba con cosas muy ambiguas, ya que el detective rechaza ese discurso de demonización del inmigrante, pero a la vez, de forma individual, Jesús, el asesino, es la materialización de la pesadilla del norteamericano medio: el inmigrante que ha entrado a matar y violar. ¿Ha crecido ese miedo desde que usted llegó a EEUU en 1988? ¿Usted se siente ahora más inmigrante? Me siento más dentro que fuera de ese debate. Es decir, yo antes lo veía con la distancia del turista que trabaja en EEUU. Pero ahora lo veo como un problema que me toca. Y lo que sí ha cambiado en estos 20 años es que ese tipo de queja que podías encontrar en la calle, los prejuicios y estereotipos, ahora se han oficializado a través de un sector muy radical del Partido Republicano. ¿A qué atribuye esta radicalización del discurso? Por un lado, EEUU todavía no ha superado psicológicamente el 11-S. El país se ha replegado sobre sí mismo. Por el otro, creo que la inmigración latina de los últimos 20-30 años ha sido abrumadora. Pero EEUU, más temprano que tarde, va a tener que enfrentarse al hecho de que parte de su identidad es hispana. Por cierto, desde EEUU, ¿cómo observa lo que se escribe en Latinoamérica? Estamos en un buen momento. En las nuevas generaciones hay una preocupación por el lenguaje y una mirada a las historias mínimas. Yo lo veo como estimulante porque ha permitido descubrir qué es lo que puede hacer la literatura por sí misma y que quizá no pueden llegar a hacer ni el cine, ni tampoco internet.


Fuente: Elpublico.es