miércoles, 8 de junio de 2011

Fallece a los 87 años el escritor y político Jorge Semprún

Figura esencial para comprender el siglo XXI, su vida estuvo marcada por su deportación al campo de concentración de Buchenwald.










El escritor, intelectual, luchador antifranquista en la clandestinidad y exministro de Cultura Jorge Semprún ha fallecido hoy a los 87 años en su domicilio parisino de la rue de l'Université, acompañado de sus hijos y de sus sobrinos, según ha confirmado el Ministerio de Cultura a Público.
Intelectual y, sobre todo, superviviente del campo de concentración de Buchenwald —una agonía desesperante y desesperada que se prolongó durante 15 meses y que evocó en varias de sus obras, como El largo viaje o La escritura y la vida—, Semprún será también recordado por su otro nombre, Federico Sánchez, aquel que se vio obligado a utilizar en su lucha contra el franquismo desde la clandestinidad como dirigente del PCE. En 1964 fue expulsado del partido junto con Fernando Claudín por discrepar con la línea oficial, que marcaba Santiago Carrillo.
Precisamente Federico Sánchez protagonizó dos de sus obras más reconocidas: Autobiografía de Federico Sánchez, con la que ganó el premio Planeta en 1977, y Federico Sánchez se despide de ustedes, en la que narraba su paso por el Ministerio de Cultura del Gobierno de Felipe González, entre 1988 y 1991, con palabras que en realidad eran dardos envenenados contra Alfonso Guerra.





Jorge Semprún, muy enfermo en los últimos meses, nació el 10 de diciembre de 1923 en una familia de clase alta. No en vano fue nieto del político conservador Antonio Maura, presidente del Gobierno durante el reinado de Alfonso XIII en cinco ocasiones. Su padre, el catedrático de Derecho José María Semprún Gurrea, llegó a París en 1936 como encargado de negocios del Gobierno republicano, antes de convertirse en ministro de la República en el exilio. En la capital francesa Semprún echó raíces hasta convertirla en su primer hogar y dominar a la perfección el francés.
Aparte de las memorias, el ensayo o la novela, cultivó los guiones de cine para directores como Alain Resnais (La guerra ha terminado) o Costa Gavras (Z, La confesión). Fue además uno de los protagonistas de Los Caminos de la Memoria (2009), de José Luis Peñafuerte, descendiente de exiliados españoles nacido en Bruselas.
Su dilatada trayectoria le hizo merecedor de los premios Formentor (1964), Planeta (1977), Fémina (1969 y 1994), el Premio de la Paz de los libreros alemanes (1994), el Jerusalén (1997), el Premio Nonino (1999), la medalla Goethe (2003), el Fundación Lara (2003), el Annetje Fels-Kupferschmidt (2006) y el Terenci Moix (2010).





La muerte, la vida
En un artículo publicado el año pasada en el diario francés Le Monde y titulado Mi último viaje a Buchenwald, Semprúm dejó escrito: "Ni resignado a morir ni angustiado por la muerte, sino irritado, extraordinariamente incómodo ante la idea de que pronto ya no estaré…".
En una de sus últimas entrevistas, concedida al diario Público con motivo de la publicación de la biografía que recorre su intensa vida en Lealtad y traición, publicada por Tusquets, el intelectual español que vivió en París hacía balance de su vida: "Para mí, la vida ha sido muy fácil. Si comparo mi salida con la de Fernando Claudín, es jauja. Él lo perdió todo, se quedó en la calle con mujer y dos hijas. Sin nada. Me considero un hombre con muchísima suerte. Yo lo que mejor he hecho en la vida ha sido el trabajo de clandestinidad: nadie ha sido detenido por mi culpa o por haber organizado mal un trabajo en diez años".
Hombre cultísimo, su muerte es la de la memoria del siglo XX. Porque Semprún lo vivió todo: la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial, el franquismo, la Transición y la etapa plenamente democrática. Nunca desde un lugar en la sombra; jamás escondido. Fue una figura esencial para comprender el siglo pasado, ese que Semprún contempló siempre con sus ojos vidriosos y un espíritu crítico, nunca displicente. Sus libros, sus recuerdos, sus palabras, siempre fueron el remedio más eficaz contra la amnesia.


Fuente:elpublico.es

lunes, 6 de junio de 2011

El buen tiempo anima el Retiro y las ventas de la Feria del Libro


Las ventas de la Feria del Libro comenzaron bajas porque el tiempo, factor fundamental para esta librería al aire libre, no fue bueno, pero los últimos días y el fin de semana han hecho que "no vayan mal" y que editores y libreros estén "contentos", según el director adjunto, Fernando Valverde.
Todavía es pronto y hasta el fin de semana próximo no habrá datos oficiales, pero en el ecuador de la feria los libreros no se sienten decepcionados, como es el caso de Diego Moreno, de Nórdicas Editores, que confirma que ha tenido un fin de semana muy bueno en ventas.
"La gente compra menos libros en las librerías, estamos en crisis, y eso lo notamos desde los últimos tres años, pero aquí las visitas, si el tiempo es bueno, no descienden; al contrario, y en cuanto a las ventas pueden que sean más contenidas, pero esta feria funciona al margen de la crisis", ha subrayado Valverde, presidente de la Confederación Española del Gremio y Asociación de Librerías.
Puede ser que en estas circunstancias los visitantes no compren más de un libro, si llega, pero el público infantil, gran protagonista de la feria en domingo, con muchas actividades para ellos, ayuda a las ventas, ya que hay mucha oferta y los padres no se resignan a no comprar.
Un claro ejemplo hoy ha sido el superdetective Gerónimo Stilton, que tenía grandes colas, y el sueco Sven Nordqvist, que ha conquistado la feria con su personaje Pettson, del que ha vendido millón y medio de ejemplares en su país.
Pero este domingo, día de grandes colas, el protagonista ha seguido siendo el premio nobel Mario Vargas Llosa, con cola infinita. A Javier Marías también se le ha cansado la mano de firmar ejemplares, como a Rosa Montero, Maruja Torres, Elvira Lindo o Muñoz Molina, Julio Llamazares, Luis Herrero o el superventas Eloy Moreno.
Una mañana en la que también ha participado, por partida doble, el escritor vasco Fernando Aramburu, que vive en Alemania y acaba de sacar en España nuevo libro, en este caso de cuentos, con el título "El vigilante del Fiordo", en Tusquets, y en el que vuelve a tocar el tema del sufrimiento humano causado por el terrorismo, como hizo en "Los peces de la amargura".
Humor alemán
Aramburu ha formado parte de la mesa redonda "Alemania sin tópicos", con David Safier y Ulf K. Una conversación que ha girado en torno al sentido del humor en los dos países. Para el escritor donostiarra el sentido del humor alemán es más verbal, más de palabra, y el español es más chistoso, más sexual. El español bromea con el sexo y el alemán con la suciedad.
Y en cuanto su nuevo libro, del que hoy ha firmado numerosos ejemplares, Aramburu ha señalado que ha vuelto al relato porque es su música de cámara. "Me gusta la idea de componer con música, da un sentido musical a mi trabajo, y aquí he reanudado la actividad que dejé hace cinco años, empezando donde terminé "Los peces de la amargura".
Un libro de relatos sobre el terrorismo que le aportó al escritor numerosos premios. "No me interesa el terrorismo como hecho sociológico, sino porque es una fuente de drama humano que está asociado a multitud de historias, de destinos trágicos personales que piden un narrador". Y puntualiza: "Lo que realmente me interesa es el alma humana, la pasta de la que están hechas las personas", añade horas antes de volverse a Alemania "sorprendido" por los resultados electorales en el País Vasco. "No tengo prisa por hacerme una opinión. Desconfío y observo, veo ciertos indicios esperanzadores. Espero que sea sincero y haya un poso de verdad".
Los poetas de Libertad 8
"Pero, ojo, todavía no es la paz. La paz es convivencia pacífica entre rivales, es la aceptación del otro aunque sea diferente, pero después de tantas muertes y tanto dolor queda un trabajo de arrepentimiento y de perdón que tendría una labor pedagógica muy positiva sobre la población", concluye.
Todo esto en un domingo en el que también se ha presentado la antología "Poetry Slam", con el resumen de las intervenciones de una nueva generación de poetas que se suben una vez al mes al escenario del café madrileño de Libertad 8 para presentar tres minutos de creación.

Fuente: Elpublico.es

jueves, 2 de junio de 2011

Premio para un poeta llamado Leonard Cohen

El Príncipe de Asturias de las Letras subraya "el imaginario sentimental y el valor inalterable" de su obra literaria y musical




Si la prueba del algodón para cualquier canción que aspire a la eternidad es su capacidad para brillar desnuda, apenas voz y guitarra, el corpus creativo de LeonardCohen (Montreal, 1934) se antoja una imprescindible hoja de ruta para comprender a carta cabal al cronista contemporáneo. Cosechada en las calles y cultivada por décadas en la penumbra melancólica de bares y fondas, la obra del vate canadiense retrata con esmero y enjundia los recovecos emocionales que rodean, y en buena medida condicionan, la vida del ser humano. Poeta de talla gigante, Leonard Norman Cohen recibe ahora el Príncipe de Asturias de las Letras por una literatura que abarca el último medio siglo (su primer libro de poemas, Comparemos mitologías, data de 1956), siempre bajo el faro de la cotidianidad y el ejemplo de Yeats, Whitman y otro puñado de luminarias.
Pero la concesión del Príncipe de Asturias es también un acto de justicia histórica para la nunca bien ponderada labor del cronista de arrabal, aquel escritor o músico que devuelve a las calles lo que la calle le confió. Con afección y sentimiento, sin atisbo de autocompasión. Ya lo admitió Cohen, hace una década, tras superar una etapa borrascosa: "Cuando estás golpeando tu cabeza contra una pared, te sientes bien cuando acabas".




"Leer y escribir son sus dos actividades cotidianas", dice el músico Javier Mas




Retratista de la belleza del perdedor, cronista de las ilusiones muertas, Cohen aprendió en su propia casa la poética del desarraigo. Hijo de un emigrante polaco y una judía lituana, se trasladó al Nueva York de los sesenta para frecuentar a Andy Warhol y Joni Mitchell. Muy pronto se puso en manos del productor musical BobJohnston, cerca del que también revoloteaban otros superhéroes de la canción contemporánea, Johnny Cash y Bob Dylan. En 1970 ya estaba sobre el escenario de la isla de Wight, aunque sus canciones llenas de lirismo y melancolía esquivan los patrones fáciles de la revolución silvestre.
Porque Leonard Cohen es otra cosa, es mucho más. Alejado de la mítica del rock, el bardo canadiense se arrimó al folk y al country, y asumió unas herramientas que, vaya paradoja, ahora vuelven a cotizar al alza en este tiempo de galardones. Atrás quedó la crítica oportunista por su manera de no cantar, olvidado quizás por sus recurrentes periodos de introspección y su conversión al budismo, para asumir el rol de monje tranquilo bajo el seudónimo de Jikan (Silencio) en el año 1996.
Prestigio mundial
Popular es quizá el adjetivo más honrado que debe definir su obra
Como un alma en paz lo recuerda hoy Javier Mas, músico aragonés cuya destreza con la bandurria y el laúd le abrió las puertas de la banda que Cohen armó para su gira de regreso a los escenarios en febrero de 2008. "No sé si es curioso o no que a un músico como él le hayan dado ahora el Príncipe de Asturias de las Letras, pero tengo claro que su obra, como músico, escritor y poeta, goza de un gran prestigio en todo el mundo", explica a Público el instrumentista zaragozano, que también apunta algunas claves de la vida íntima de su tutor: "Leer y escribir son dos de las actividades cotidianas en su vida, aunque su dedicación a la música y a los conciertos en estos tres últimos años han sido fundamentales".
Como persona de trato complejo, pero "humilde y generosa" (y aquí generoso pesa en oro, si se valora que Cohen perdió varios millones cuando su exagente le estafó con un fondo de pensiones), ¿estará contento con este premio? "Supongo que le hará mucha ilusión", sugiere Javier Mas, sobre el autor de Songs from a Room, Suzanne, Hallelujah y de los libros Flores para Hitler y Los hermosos vencidos.
Cantautor de música popular, quizá el más honrado adjetivo que debe definir su obra, Leonard Cohen regresará este próximo otoño a España y echará en falta a otro visionario. Con Enrique Morente saltaron los corsés de los idiomas distintos en beneficio de dos almas gemelas. Gracias a Alberto Manzano, que hizo posible aquel encuentro de 1993, el cantaor del Albaicín rescató la vena lorquiana del trovador de Montreal y dotó a sus canciones de vuelo nuevo, rock eléctrico mediante, en el álbum Omega.
Ya no está Morente, qué pena más grande. Pero nos queda su amigo Leonardo. Y las metáforas del hombre de gris que nos canta sobre el fin del amor. Con sus fragmentos del anuncio del fin del mundo.


Fuente: Elpublico.es

martes, 31 de mayo de 2011

"Warhol fue como Hemingway"





Arthur C. Danto, filósofo y crítico de arte, publica un ensayo sobre la trayectoria personal y artística del icono pop, en el que analiza las técnicas que revolucionaron la cultura visual contemporánea.




Warhol revolucionó la cultura visual en los sesenta y convirtió en filósofo del arte a Arthur C. Danto. Con esta afirmación en las primeras páginas de su nuevo ensayo dedicado al mito del arte pop, el gran crítico del arte occidental se entrega en cuerpo y alma a su propia biografía, mientras repasa su fascinación por el artista que tomó como materia artística "todo lo que provenía de la vida cotidiana de los estadounidenses". Warhol sembró las semillas de una transformación cultural, como dice el profesor, pero lo que no reconoce es que él mismo llegó cinco años tarde al primer estallido de rebeldía. "Su segunda exposición en la galería Stable, en abril de 1964, fue para mí una experiencia transformadora", cuando lo pop cuestionaba los valores del expresionismo abstracto desde hacía un lustro.
Aún así, se convirtió inmediatamente a la causa: "Lo que lo erigió en icono americano es que el tema elegido siempre era algo fácilmente comprensible para el estadounidense común", al contrario del expresionismo abstracto, que representó un mundo "de quienes pintaban los cuadros". Y para demostrarlo Danto recupera, en el libro que publica Paidós, que fue un diseñador de interiores llamado Muriel Latow quien, a petición del propio Warhol, le sugirió que pintase algo que "todo el mundo vea a diario, que todo el mundo reconozca , como una lata de sopa". El resultado fue la famosa cuadrícula de ocho por cuatro, formada por las 32 variedades de sopas Campbell's, "como si se tratase de una galería de retratos de personajes importantes".
"Warhol dio exactamente a la gente lo que ellos consideraban arte»"
Sin valor pictórico
Danto escribe: "Los cuadros no tenían ningún valor pictórico, sino que parecían reproducidos mecánicamente, como de hecho era el caso, puesto que recurrió a la serigrafía para lograr una apariencia de perfecta uniformidad". Pero si sus obras carecían de ese valor y marcaron el inicio del gobierno del gusto popular, del arte previsible, ¿qué es lo que entendemos comúnmente por arte? "Pero, ¿quién ha dicho que sus pinturas no tuvieran valor pictórico?", contesta a este periódico Arthur C. Danto, contradiciéndose entre sus palabras y sus escritos.


El filósofo señala cómo Warhol trató de hacerse un hueco como fuera "para llegar a ser uno de los artistas de Castelli". Incluso decantarse por el tipo de temas que le interesaban al galerista más vanguardista de Nueva York en aquellos momentos. No es su intención, pero Danto dibuja a Warhol como el prototipo de la personalidad a la carta, que también se disfrazó de mujer en un juego ante la cámara de Christopher Makos (y que la editorial La Fábrica recoge en un gran volumen). ¿Fue un producto de sí mismo o de lo que querían ver otros en él? "No creo que quisiera ser mujer. Idealmente decidió ser bonita, pero sobre todo en las fotografías, porque Warhol inventó un traje que era muy masculino", responde.
Si como dijo Gerard Ma-langa, uno de sus ayudantes más próximos, Warhol quería "mecanizar por completo su obra, a semejanza de las fábricas de envasado que serigrafían la información en las cajas de cartón", el talento del artista quedaba en segundo plano por primera vez en la historia del arte. "Él pintó objetos con total sinceridad, que todo el mundo de la cultura comprendió de inmediato. Warhol fue como Hemingway. Utilizó libremente las tiras de los cómics y de los anuncios.
Danto cae en una nueva contradicción, esta vez en el propio ensayo, cuando asegura que obtenía ideas de los demás (como las del citado Latow), para rematar más adelante con la sentencia de que el artista es el que tiene las ideas. Entonces, ¿qué clase de artista fue Warhol, alguien que no se preocupaba por sus ideas ni por el tratamiento pictórico? "Él usó las ideas de los demás, pero también hubo otro montón de ideas que no usó. Y eligió su tratamiento pictórico con cuidado. En la copia está el autor
Fue un revolucionario porque superó la distinción entre lo vulgar y la élite. Lo hizo fulminando la expresión en el gesto artístico. "Tal vez la expresión sea propia del gran arte, pero no siempre aparece. Piense en el cuadro de David sobre el asesinato de Marat por Charlotte Corday. Uno tiene que conocer la historia para captar su mensaje".
Así que, al hilo de las reflexiones de Danto, Warhol aparece como el artista que cuestionó la idea de autoría y ensalzó la copia: "Sí, así es. Piensa en las cajas Brillo". Pero lo que no puede imaginar es cómo habría madurado Warhol en la sociedad de la era digital. "No sé. De alguna manera era conservador, pero en otras ocasiones iba por delante de su tiempo. Piensa sobre todo en cómo levantó la serigrafía para definir el arte", explica Danto.
El mundo de las galerías, las relaciones, las amistades, las conversaciones tenían un fondo inmortal: la ciudad de Nueva York, donde Warhol pudo hacerse a sí mismo. Danto reconoce que le gusta pensar que el rey del arte pop sólo podía nacer en una ciudad como esta: "Es una ciudad de creatividad. Los sesenta comenzaron con una revolución artística y el arte pop fue adoptado allí donde las libertades eran aclamadas. La libertad es uno de los mejores productos de Nueva York".


Fuente: Elpublico.es

lunes, 30 de mayo de 2011

Nuevos trucos de Kika





Ha vendido 25 millones de ejemplares. Las aventuras de la niña bruja creada hace diez años por Knister, el autor alemán, siguen conquistando a los lectores más pequeños.

Durante los últimos tres años, a mediodía, cuando cierran las casetas de la Feria de Madrid, Ludger Jochmann (Bottrop, Alemania, 1952) -más conocido como Knister, padre literario de Kika Superbruja- se sentaba en un banco con la solana y seguía dibujando con parsimonia elefantes o rinocerontes en cada dedicatoria de sus libros. Pero este año el superventas infantil no puede venir. Recorre México para dar a conocer su obra. De Kika, una niña que hace hechizos de consecuencias inesperadas, se han vendido 25 millones de ejemplares, de ellos 18 en su país y 5 en España desde 1997.
La noticia en otros webs
"Los niños te ayudan a saber qué interesa y qué no, no pueden ser conejillos de indias. Hago mías las palabras de Astrid Lindgren: escribo para el niño que llevo dentro", sostiene Knister. "Tengo tres hijos varones y Kika lleva diez años conmigo. Es la hija que no he tenido. Como a los chicos -que leen menos- les gusta mucho la tecnología, decidí incluir en la última parte trucos de magia. Intenté aprender encantamientos, pero me fue imposible. Así que consulto a magos profesionales y luego escribo", confiesa. "Vaya donde vaya comparan a Kika con Pippi, un personaje que cuando conquistó el mundo no lo hizo en España porque no casaba con los intereses de la época franquista".


Fue una idea de su editor que la protagonista fuese una bruja. "Yo me resistía. En Alemania hay muchas y, además, muy famosas. En cada país la pequeña hechicera recibe un nombre: Lili, Maga Martina, Kika... Elegí el nombre de Lili porque se leía bien y leer es el mensaje principal. Me sorprendió mucho que Kika se escribiese con K, que es una letra muy sonora, rotunda. Ideal para el personaje. Un publicista me explicó que la K estaba muy de moda en España. Si lo llego a saber antes la bautizo así en todas partes", explica entusiasmado. "El humor es cultural, depende mucho de cada país, y sorprende comprobar que los niños de China se ríen con Kika. Yo de siempre leí a mis hijos y a veces resultaba aburrido. Por eso meto gags dirigidos directamente a los padres", reconoce el alemán, que también invita a la lectura aunque sin tomar el camino directo. "Muchos libros empiezan con Kika visitando una biblioteca por placer, no por obligación escolar. Es una pena que se viese en la Copa del Mundo de Sudáfrica a los jugadores jugando a la play y no leyendo, lo que sería un estímulo para los niños", explica Knister, que presenta programas de animación lectora en la radio y la televisión.



Músico, empezó en Barrio Sésamo componiendo con libretos de otros autores. "Me resultaba muy raro adaptar la música al texto y decidí escribirlos yo. Escribía historias de dos o tres minutos, y fueron un éxito. En la redacción se entusiasmaron y me dijeron que me dedicara a ello, que músicos ya había muchos y no buenos letristas. Por entonces era profesor de educación especial y no tenía tiempo para hacer todo, así que dejé la música. Me costó mucho". Menos le ha costado alternar literatura y la gran pantalla. "El cine cuesta mucho dinero y los productores no quieren arriesgar, pero sí hacer mucho dinero. Ellos querían que la primera película fuese como el primer libro, así que fue complicado convencerles de que debía ser una historia nueva". En 2009 se estrenó La superbruja Kika, de Stefan Ruzowitzky, con la participación de Pilar Bardem como la bruja Surulunda, que participa también en Kika Superbruja y el viaje a Mandorlán, de Harald Sicheritz, que se estrenará el próximo octubre. Justamente es el último título nuevo que Bruño ha editado en España junto al 12º de la colección Kika Superbruja y Dani -para niños más pequeños-, El misterioso genio de la botella. La máquina está engrasada y, aunque alterne con literatura adulta y el cine, la hechicera seguirá encantando a las nuevas generaciones.


Fuente: ELPAIS.COM. Babelia

viernes, 27 de mayo de 2011

Hora de despertar, por A. Muñoz Molina

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.
Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.
El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.
He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.
Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.
Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

jueves, 26 de mayo de 2011

La industria editorial alemana fomenta el libro electrónico

La cuota de mercado llega al 5% gracias al fácil proceso de compra y sus precios competitivos

Alemania es el país europeo junto con Reino Unido en el que más ha despuntado el negocio digital. Según los datos que se hicieron públicos en la Feria del Libro de Londres, celebrada el pasado mes de abril, el ebook copa el 5% de cuota de mercado. En España, todavía no llegamos al 3% (último dato ofrecido por los editores españoles).
Los motivos que certifican la integración del libro electrónico se basan en razones históricas y en una mejor comprensión del futuro de la industria editorial. Alemania fue el país europeo en el que antes triunfó el audiolibro, un formato que llegó hace 20 años y que aún no ha salido de las librerías. En España, sin embargo, esta forma de disfrutar del libro nunca caló entre los lectores y tampoco la cadena editorial le dio muchas oportunidades.
El fácil acceso, la compra cómoda y el precio, claves en el éxito
Dos décadas después del audiolibro, los alemanes fueron también los primeros en ponerse las pilas a la hora de transformar la industria para impulsar el ebook. Con el impulso de unas editoriales en su mayoría subsidiarias de los sellos estadounidenses, en 2007 crearon Libreka! (www.libreka.de), una plataforma de venta y previsualización de libros electrónicos conformada por editores y libreros, que tiene un catálogo de 1.349.257 títulos, de los cuales pueden comprarse 71.434. Además de Libreka! hoy existen ya otras dos plataformas locales, Libri (libri.de) y Knv (knv.de), que han conseguido que el mercado digital alemán llegue a los 100.000 títulos.
Plataformas locales
"Ellos fueron capaces de crear un punto de venta, una tienda, con las herramientas necesarias para seducir al lector: un fácil acceso, un proceso de venta cómodo y un precio competitivo", apunta el experto en economía digital, Javier Celaya. En Alemania, los libros electrónicos cuestan entre ocho y diez euros (lo que supone para este mercado entre un 30% y un 40% menos del precio en papel), están en formato epub (no en pdf) y se pueden leer en todos los dispositivos.
A estas tiendas se ha sumado en los últimos dos meses Amazon.de con cerca de 25.000 títulos, de los cuales la mitad son en inglés. Al igual que en España y Francia, en Alemania también existe la ley del precio fijo. "No ha sido un problema. Ellos cumplen la ley, lo que pasa es que lanzan sus ofertas con los libros en inglés, ya que no son un producto alemán", afirma Celaya.
Nada que ver con la situación española. De hecho, en la Feria del Libro de Madrid no habrá ebooks. Como ya señaló Fernando Valverde, del Gremio de Libreros: "La feria es para palpar libros".

En el mercado alemán hay 100.000 títulos en formato ebook.


Fuente; elpublico.es